¿Son las casas de nuestros abuelos muy diferentes a las nuestras?

Luz eléctrica, heladeras, lavadoras, cocinas, televisores, computadoras y en sus manos, teléfonos inteligentes. Parecería que no. Los veteranos y los más jóvenes comparten la misma experiencia hogareña: cuando tienen que encender la luz se dirigen al viejo interruptor y mueven su llave. Básicamente todas las casas hoy en pleno Siglo XXI, son así, del Siglo XX, con sus tradicionales llaves de luz.

Recuerdo de chico, cuando en Uruguay no teníamos más que los canales 10, 12, 4 y 5, los televisores no venían con control remoto. Aumentar el volumen, cambiar de canal, dependía de  que me levantara a mover una perilla, igual que como hoy, que aún tenemos que hacerlo para prender y apagar las luz de la habitación. Hoy es impensable, ni gratis uno aceptaría una TV sin control remoto. ¿Y por qué aceptamos que si dejamos alguna luz encendida tenemos que levantarnos para ir a apagarla? Pero más aún, ¿por qué muchos se sorprenden si en una casa las luces se controlan desde el teléfono o directamente por voz?  ¿Y por qué tildamos esa característica de casa inteligente?  

Sabemos que la costumbre condiciona, genera hábitos, hasta que experimentamos algo diferente. Cuando esto sucede nos damos cuenta de su utilidad y luego de allí no hay marcha atrás. No se cuanto va a demorar, pero más temprano que tarde, el viejo interruptor de luz será historia; así como hoy nadie "disca" para llamar por teléfono, nadie estará limitado a controlar nada eléctrico de su casa en forma física manual.

Pensemos no tan lejano en el tiempo, en nuestros bisabuelos del siglo XIX e imaginemos traerlos a nuestros hogares. Es fácil imaginarse que tantas cosas les resultarían mágicas. Comenzando con poder obtener luz tan fácilmente durante la noche y sin limites. ¿Con qué sorpresa mi bisabuelo habría experimentado el “se hace la luz” solo moviendo una perilla pegada a la pared? Sería algo abrumadoramente impresionante para él. Hoy no le damos ninguna bolilla aunque muy pocos sepan cómo es que realmente funciona; si nos ponemos a pensar, quizá sea más mágico el que se encienda la luz que el artilugio de prenderla con nuestra voz.

En el Siglo XX, la red eléctrica universal fue el logro de ingeniería más destacado y la mayor máquina hasta entonces construida, generando cambios sociales y de forma de vivir inmensos. Anterior a ello, la gente también tenían casas, pero vaya si eran muy distintas. Algo de esto podemos vivirlo pasando una noche en Cabo Polonio. Nos encanta esta otra sintonía ya que sabemos es solo por unos días, pero ¡qué diferente se vivía! 

La infraestructura que posibilita el flujo eléctrico constante: centrales eléctricas de todo tipo y color, distribución, transformadores, etc., puede superar en complejidad a la red que hoy posibilita los flujos de información. Además, sin la red eléctrica, no hay posibilidad de transmitir información. Pero no se trata de una competencia entre ambas  sino de su fusión: la electricidad hace posible la información, la información tiene el potencial de optimizar todos los rincones eléctricos, y su amalgama abre las puertas a un gran aumento en nuestra calidad de vida, a nuestro confort, nuestra seguridad y ahorros de consumo. 

Esto nos lleva a elevar la importancia de planificar la inversión que hacemos de nuestra futura casa o apartamento, o reformas de nuestro actual hogar, tomando en cuenta que hay que pensar su red eléctrica con otra cabeza. Es que además aquellos emprendimientos que estén más adaptados a incorporar nuevas tecnologías tendrán sin duda mayor valor de reventa. Hasta ahora el énfasis era en la red eléctrica de la casas como las únicas venas de su infraestructura. Ahora y al mismo nivel son las puestas de datos, por donde fluyen corrientes débiles con el final de transportar información.

¿Y el término "casa inteligente"? El tema es que al sistema eléctrico no le damos ningún mérito de inteligencia y a los sistemas de información que actúan sobre el mismo los elevamos a la categoría de inteligentes. Pero si nos detenemos en la historia sabemos que es circunstancial. Ya Pascal decía que "la máquina aritmética produce efectos que parecen más cercanos al pensamiento que todas las acciones de los animales". ¿Acaso hoy una calculadora nos parece una máquina con pensamiento? ¿Y las apps que usamos diariamente? ¿Acaso las percibimos más pensantes que nuestra mascota?  Los niños las toman como triviales y de forma natural. Mágico e inteligente entonces son conceptos que se aplican a las cosas pero no ad eternum. Luego que se vuelven cotidianas, son una herramienta más, con nada intrínsecamente inteligente dentro. 

Los animales sabemos que se adaptan y son capaces de resolver situaciones nuevas que nunca antes habían enfrentado. Es que tienen mentes, por ende manejan significados: los significados relacionados a su percepción del mundo. Las llamadas "casas inteligentes', no están pensadas, al menos hoy, a que por si solas resuelvan situaciones inesperadas y nuevas. Lo que resuelven es amalgamar el mundo de la red eléctrica con el flujo de información para resolver escenarios ya conocidos de antemano, por ejemplo: que las luces exteriores se enciendan cada día unos minutos después del atardecer (reloj astronómico), a que todo lo eléctrico se pueda comandar de múltiples forma, a saber, vía teclados, tabletas, teléfonos, voz, etc. También y a la vez poder hacerlo inclusive de forma remota: típica necesidad es prender la calefacción estando físicamente lejos de casa para que este la temperatura ideal cuando lleguemos.

Entonces, ¿por qué y por ejemplo, una casa que se controla mediante un celular se denomina inteligente? ¿Acaso pedir una pizza a un "delivery" vía una App, la convierte en una pizza inteligente?  La casa no está pensando, a la casa lo que se le está permitiendo es unir sus sistemas eléctricos con los sistemas informáticos. En lugar de ser dos mundos aparte, como hoy lo son en todas las casas, estos dos mundos se unen. Cuando esto pasa son muchos los beneficios pero rápidamente estos se volverán cotidianos y lo cotidiano no lo asociamos a magia o inteligencia.

Ya vimos lo importante que es planificar con otra cabeza y de antemano la eléctrica de nuestra hogar, pero a la hora de planificar, algo que es crucial no falte es tomar seriamente en cuenta el tema de la seguridad. Una vez que la información se fusiona con la sistema eléctricos, nuestra privacidad comienza a estar en juego. Todo muy lindo, pero cámaras, micrófonos, potencialmente ven y escuchan; la información sobre nuestra cotidianidad en el uso de los sistemas y nuestros gustos pueden quedar comprometidos. Fundamentalmente hoy que con el internet de las cosas estamos siendo bombardeados de artilugios que lo prometen todo y un día sí y otro también salen titulares con revelaciones de serias fallas de seguridad. Estos peligros se pueden evitar, pero para ello hay que buscar asesoramiento profesional de empresas expertas en la temática y que tengan buen currículum en los temas de seguridad informática y confidencialidad de los datos del cliente.


A no ser que uno decida quedar fuera de las tan importantes evoluciones tecnológicas para el hogar y perderse todos sus beneficios inclusive de maximizar el valor de mercado, el tema de como construir las casas del siglo XXI de forma de aprovechar los beneficios y ninguno de sus peligros de la tecnología, es central y debería ser un asunto que todos los arquitectos, constructores y decoradores deberían elevar a primer nivel. Es más, yo hasta diría que dejó de ser opcional so pena de quedar fuera de mercado.

Artículo publicado en la revista Arquitectura & Diseño, edición 114, febrero 2017: