Gotas de vida que cambian el océano para siempre

Somos tantos millones, que es inevitable que todos los días sucedan hechos inexplicables, de vidas que se cortan así, de forma inesperada. Nos enteramos por la prensa, por las redes sociales, nos acongoja pero no dejamos de vivir, de sonreír, de disfrutar la familia, los amigos, de pasar buenos momentos, de darnos nuestros gustos. Hasta que nos toca de cerca... Me paso hace uno días, con un amigo chileno, Nicolás, muy joven, 20 años menor que yo. Emprendedor, inteligente, luchador, generador de ideas un día si y otro día también; planes, proyectos y una familia con una luz de mujer y dos pequeños soles, sus niñas. De un segundo a otro se fue. Me mareo, pierdo el equilibrio, me transporta a otra dimensión. Y no me la creo, no caigo, no lo asimilo. Cada comunicación me lo asegura y aún así se mantiene la sensación de incertidumbre. Yendo a Chile, participando del velorio, de la misa, del entierro y no se asienta el desaprender la presencia esperada. Más que su imagen, su voz, algo especial tendría que domina su presencia en mi.



Aprendí que nuestros años de vida cuentan como gotas de agua en un océano. Qué no cambia si nos representan diez, treinta, cincuenta o cien gotas, ellas no se notarán en el gran océano. Pero lo que no comentaron es que aunque nadie perciba el cambio oceánico, alcanza con la influencia de una sola gota para que el futuro de ese océano sea único y posteriormente diferente. Toda vida aunque se trunque antes o más tarde tiene el mismo valor y hay que celebrarla por lo que dejo ya que en algún momento hará que cambie el futuro de todos.

También aprendí a que no hay que desesperarse, ni buscar los por qué. Que no hay respuesta y que hay que dejar que nuestros sentimientos afloren. Que si dan ganas de llorar pues dejar que fluya; el llanto es la expresión más pura de nuestros sentimientos, de nuestro interior, de nuestra esencia, el que quizá nos lleve a comprender algo que las palabras nunca podrán representar.

Que como el por qué no tiene respuesta, hay que ir por el para qué. Que es el para qué el que depende de nosotros. El que nos llama a construir para que los proyectos no queden inconclusos, para comprometernos con lo que queda para hacer. Para honrar ideas, para honrar sueños, para responder que no fue en vano. Para que demostrar que esas gotas en el océano cambiaron el océano para siempre.