Las vuvuzelas y el despertar de la fortuna perdida | The vuvuzelas and the awakening of the lost fortune

Esta es la famosa o infame vuvuzela que capté durante el partido Uruguay - Corea del Sur

Vuvuzela and some of its many meanings | IMG_9353

en Port Elizabeth en el alucinante Nelson Mandela Bay Stadium.

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Fue la más linda que hube visto durante mi estadía de dos semanas en Sudáfrica, y la hubiera comprado a primera vista de haber visto una con tan atractivo estilo!

Debo confesar que las odiaba cuando me tocó ver los partidos por TV, con ese ruido molesto de fondo tal como el revoloteo incansable de millones de abejas.

En Sudáfrica, debo confesar también, mi odio se desvaneció rápidamente. De todos modos fui a los partidos con tapones para los oídos, excepto en mi primer ida ya que la emoción parece me jugó en contra de mis prioritarios cuidados de salud! Soy plenamente consciente de los riesgos y además pertenezco a esa clase en extinción llamada audiófilos. Pero mi conexión con las vuvuzelas cambió después de mi primera experiencia real en un partido.

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Incluso me terminé comprando una igualita a la de la foto de "Appiah" al final de mi viaje, aunque no la vaya a utilizar sino regalar a fin de año. (Y por cierto, interesante es mencionar el margen de ganancia que han dejado estos plásticos chinos, de 10 hasta 35 veces! ... O tal vez más si un día vemos una vuvuzela decorada con cristales Swarovski!).

En el estadio las vuvuzelas no sonaban como en la televisión. La TV podrá ser de alta definición en imagen, pero su audio sigue siendo la de una radio Spika y no refleja el rango dinámico de un universo de vuvuzelas.

Estando en el partido Ghana - Uruguay, con más de una multitud de 80.000 simpatizantes africanos y unos pocos cientos devotos uruguayos
Uruguay vs. Ghana | Soccer City | IMG_0591

para cuya voz no existía la menor esperanza de escucha ... hasta que la victoria de Uruguay produjo el silencio.

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El sonido no era monótono como en la TV. En momentos cruciales, el furor no venía de aleatorios soplidos donde se podría decir que el esfuerzo se transformaba en un apoyo casi que neutral. No, se volvió de repente y sin un director de orquesta, en una verdadera sinfonía espontánea! Tenía un ritmo perfecto y una riqueza en rango dinámico increíble. La conexión entre todos los sopladores de vuvuzelas era fuerte, sorprendentemente potente, y a la vez sustancial. Entonces, y allí caí, y fue en ese instante que tomé conciencia que los jugadores, pero sólo los jugadores africanos, deberían estar sintiendo en el fondo de sus almas el impulso espiritual de las vuvuzelas. No era entonces un sonido neutro, inanimado como yo pensaba. Era como que el mundo, el mundo entero, estaba detrás de los locales.

No sé cómo Uruguay hizo para sacar este partido adelante. O si?

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Estoy seguro de que el sonido de estas miles de vuvuzelas al unísono debió haber sido más poderoso que el animando por la multitud brasileña en el último partido del Maracaná del '50. Pero ahora y pensándolo ya en frío y desde Montevideo, en ningún momento me di cuenta alguna de que nosotros, los uruguayos en Soccer City, se hayan sentido en algo intimidados. Realmente no me percaté en ese entonces, ya que la emoción del juego no me permitió racionalizar nada, sino simplemente sentir y sentir. Pero ahora, pero ahora caigo! Durante toda mi vida, día tras día, me han inculcado la epopeya de Maracaná, pero para mi generación y para todas aquellas que siguieron este logro se sentía como una fortuna perdida. Es ahora a mi regreso que me percato que en mi sociedad nos estamparon en nuestro ADN, tal cual la cédula, el gen Maracaná. Y que la fortuna perdida estaba latente y que así y sin darnos cuenta se había despertado.

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Here an English draft translation of the above post:

The famous or the infamous vuvuzela during Uruguay - South Korea game. This was the nicest vuvuzela I've seen during my two-week stay in South Africa, and I would have bought it at first sight had I seen one like it!

I must confessed I hated them when back home as watching the games on TV with the background noise produced by the concentrated monotone sound of many acting together was to say the least very annoying.

In South Africa, I must confess as well, my hate vanished. I still went to the games with earplugs, except on my first one that due to the excitement I forgot them! I'm fully aware of the risks and as well I'm an audiophile. But my connection to them changed after my first real experienced game. I even ended up buying one at the end of my trip, though I don't plan to use it. (And by the way, what a great business as the mark up from its cost in China to the selling price for these plastic instruments can go from 10 till 35 fold!... maybe more if one day we see one decorated with Swarovski crystals!).

In the stadium the vuvuzelas didn't sound like on TV. TV never reflected the dynamic range of a vuvuzela's universe. I was at the Ghana - Uruguay game, where a crowd of over 80,000 Ghana supporters confronted just a few hundred Uruguayan devotees that never had the slightest chance for their voice to be heard... until Uruguay's victory produced silence.

The sound was not monotone like on TV. At crucial times it was not the result of aleatory blowing where one could say it would make for a neutral cheering effort. No, it turned suddenly without an orchestra director into a spontaneous real symphony! It had a perfect tempo, and an amazing dynamic range richness. The connection between all of the vuvuzelas blowers was strong, amazingly powerful. Then, I realized, players, African players, must be feeling it in their soul as a true spiritual push. It was not a neutral cheering sound as I thought any longer. It was like the world, the entire world, were behind them.

I don't know how Uruguay pulled this game out. I'm sure the sound with thousands of vuvuzelas at unison must has been more powerful than the 1950 Brazilian Maracana's final game cheering crowd. But now and thinking back, at no time I sensed any of us Uruguayans at Soccer City that day were intimidated a bit. I didn't realize it while there as the emotion of the game did not allow me to rationalize anything, but just feel and feel. But now, I wonder... during all my life, day and day, I was reminded of the Maracana epic, but for my generation and all those that followed it felt as a lost fortune. It is now that I come to grip that the Uruguayan society is implanted with the Maracana DNA gene.